Tuesday, November 01, 2005

El Auto o la Vida

Usted tiene su automóvil, yo tuve mi automóvil (era un Valiant del 62), todos tenemos o deseamos un automóvil. Un último modelo o al menos uno con menos de diez años de antiguedad. Mejor si es una 4 x 4 o una minivan con aire acondicionado y compactera. Algunos desean una Ferrari roja. Mi vecino invirtió un montón de miles de pesos en un auto que no se corresponde con el nivel de vida que a duras penas alcanza a sostener y lo cuida como a la más preciada de sus pertenencias. Lo estaciona en la vereda, pegado a la ventana del dormitorio, porque no tiene garaje. Mi vecino parece un tipo normal, tiene esposa, dos hijos y hasta un perro. Como él hay montones. Por ejemplo, aquellos que viven en casa de mamá y se mueven en un impecable auto de diez mil dólares. Debo decir a favor de mi vecino que no es de aquellos porteños que pegan su auto al que va adelante para que le deje paso; ni de los que van en medio de dos carriles buscando el hueco libre para avanzar; ni de los que jamás pone el guiño para cruzar; ni de los que te adelantan para llegar primero al semáforo en rojo; ni de los que -esperando la luz verde en la esquina- acelera cada vez que un peatón baja a la calle para cruzar. Ni es de los que al doblar les tiran el auto encima.
El automóvil es el objeto más promocionado, más deseado, más usado. No hay mercancía más poderosa. La fabricación de automóviles produjo al primero de los supermillonarios famosos, quien –a su vez- dio el nombre al modelo de producción capitalista del siglo XX: Fordismo. ¿Adivine cuál es la única manera de asesinar a alguien, no ocultar el crimen y no ir preso? Así es. Atropellando a alguien con un vehículo automotor. Es cierto, no es la única. Pero ni usted ni yo somos millonarios ni pertenecemos a la cúpula gubernamental. ¿Se ha preguntado por qué es tan poderoso el automóvil?
El automóvil es la máxima creación de la cultura judeo-cristiana, la cultura que desde hace cinco siglos domina el mundo. Ahora bien, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que el automóvil es la máxima demostración de la estupidez humana si consideramos que su finalidad es la de llevarnos en menos tiempo de un lugar a otro y que en cualquier ciudad más o menos grande hay tantos autos que la mayoría de los trayectos se recorren más rápido en otros medios, como por ejemplo el transporte subterráneo, la bicicleta, y a veces hasta caminando. Esta triste realidad no resultaría tan patética si la producción y la manutención de un automóvil no exigieran un consumo de energía tan descomunal. Una energía que tanto necesita el mundo para otras cosas. No sería tan grave si el uso del automóvil no pusiera en peligro el futuro de la vida en el planeta. El futuro de nuestros hijos (o de nuestros nietos, si los hay).
A quienes hoy somos adultos, nos repitieron hasta el cansancio en la escuela que la familia es la base de la sociedad. Sin embargo la globalización partió a muchísimas familias por todo el medio y aquí estamos, vivitos y coleando. Mientras que si todos los ciudadanos del mundo nos pusiéramos de acuerdo y no usáramos el auto por 30 días, el sistema capitalista se cae a pedazos. ¿No será el automóvil la base de la sociedad? Al menos la base de la sociedad occidental son, sin duda, los medios de transporte.
La Revolución Industrial comenzó con la máquina de vapor y no fue un invento casual. La principal fuente de ingresos de Europa era en ese entonces el comercio con los otros continentes (incluyendo items como el saqueo y el narcotráfico). Y el comercio se realizaba por medio de barcos a vela, que dependían de los vientos. Movidos a “motor” los barcos ya no tenían que depender de los caprichos naturales. Luego llegó el carbón Y Gran Bretaña fue también pionera en contaminación ambiental y sobreexpotación de los recursos naturales. A continuación aparecieron los trenes para distribuir la mercancía dentro de cada nación. Argentina se desvirgó en el tema de la deuda externa para instalar una extensísima red ferroviaria. Por supuesto tanto los trenes como el capital provenían de Inglaterra. Creció la población en las ciudades y se desarrolló la industria siderúrgica. Luego llegó el petróleo y el automóvil. En el libro Negocios son Negocios, de Daniel Muchnik, me encuentro con esta frase: En el momento de estallar la guerra GM y Ford controlaban el 70% del mercado automotor alemán y rápidamente se reconvirtieron para proveer material bélico al ejército nazi.
Días después de que Katrina inundara New Orleans el “gran diario argentino” publicó un artículo del best seller Jeremy Rifkin, en el que explicaba que no se trató de un desastre natural sino de una consecuencia de nuestro sistema de vida y más precisamente de la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera producto de la combustión de materiales fósiles. Es decir, la causa de ese trágico desastre no natural y de otros que están por venir es el calentamiento del planeta, causado principalmente por la circulación de automóviles. Rifkin le exigía a su presidente, Bush Junior, un compromiso serio para disminuir la liberación de gases a la atmósfera. Como Rifkin vive en el mundo ideal del hidrógeno su propuesta es mover los autos con hidrógeno. Y como los de Greenpeace son adoradores de la energía eólica, seguramente para ellos la solución será poner un ventilador sobre el techo de cada vehículo. Lo cierto es que aquellos que controlan el petróleo y las fábricas de automóviles actualmente manejan el mundo “a piacere”. Sólo piense en Bush e Irak. Piense en Putin y Chechenia. Lo que hace la Shell en Nigeria. Chávez montado sobre PDVSA. Hussein y Bin Laden. Sin ir muy lejos, Néstor Kirchner. Por más que la propaganda busque desviarnos constantemente de los temas realmente importantes, ya no hay quien no sospeche que estamos construyendo el infierno para nuestros descendientes. Supongo que para usted representa demasiado sacrificio empezar a viajar a estas alturas en transporte público. En todo caso, le recomiendo ir comprando un bote. Llegará un día en que lo apreciará más que a su auto.

1 Comments:

At 11:30 AM, Blogger Susan Hanson said...

Forbes Cover Story Cites the Evils of Blogs
The cover story of Forbes cries, "Attack of the Blogs." The article, written by Daniel Lyons, isn't referring to the mass amount of people blogging and how you just can't seem to escape a blog post these days.
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